En definitiva, me había enamorado perdidamente de un desgraciado sin el cual me parecía imposible vivir porque no sabía lo que era, en realidad ni siquiera lo sospechaba.
Se me rompió el corazón.
NO ME AMA... pensaba recurrentemente mientras me ahogaba en llanto.
Pero lo tenía que dejar. No podía ser la segunda, no podía aceptar ser la de repuesto, la que, si no hay nadie, iban con ella. Quería significar algo más que el resto, ser alguien importante en su vida. Era la primera vez, la primera persona por la que quería ser alguien.
