domingo, 23 de febrero de 2014

Vivir no es sólo existir,
sino existir y crear,
saber gozar y sufrir
y no dormir sin soñar.
Descansar, es empezar a morir.
- G. Marañón
Say you will remember

Escucho a la gente quejarse con demasiada frecuencia de una lista interminable de cosas en la vida. Para mí, quejarse es sinónimo de que no hacen nada por mejorar, ya sea su situación personal, emocional o estructural. Tiempo que podrían invertir en dejar todo aquello que les molesta para dedicarse a lo que les llena, aunque sea mínimamente, y no lo hacen, es tiempo perdido. 

Punto y aparte.

Ser infeliz es una decisión que algunos toman en cierto momento de sus vidas. Les voy a contar un secreto, tan antiguo que se nos ha olvidado y que aunque es a voces, muy pocos hacen caso: podes cambiarlo todo cuando quieras. Sólo tenes que atreverte y pegar el salto. El mejor regalo que nos han dado es el tiempo pero precisamente no es el más abundante. Tiene la tendencia de escurrirse entre los dedos, sin que te percates de ello.
¿Que con el trabajo de tus sueños no llegarías a fin de mes y por eso te dedicas a algo que aborreces pero que tiene mejor remuneración? La felicidad no se consigue ni se conseguirá jamás con dinero, así que replantéatelo. Ponete una meta y llega a ella. Fuera las dudas. Fuera la inseguridad.
¿Que resulta que estás harto de la ciudad, de la gente que te rodea, de que nada te llene? Hace las maletas antes de que te conviertas en una máquina y te dé hasta miedo salir de la rutina que tanto odiabas y descubrir qué hay más allá.
¿Que resulta que crees haber conocido a la chica de tu vida? Anda por ella porque puede ser que te levantes dentro de diez años y te odies a vos mismo, sabiendo que otro, que se está levantando también en este instante, sea el que esté casado con la que debería de haber sido tu mujer.

Punto y aparte.

Hablemos del destino. ¿Existe? A mí me gusta pensar que sí pero es que no es algo que llega fácil, tenemos que salir ahí fuera y agarrarlo. No vale esperarlo. No vale dejar pasar las oportunidades.
Comentemos eso de la suerte. ¿Es verdad que unos tienen más que otros? Es difícil de admitir pero la respuesta es un “sí” rotundo. Pero pase lo que pase, no es excusa para patalear como un nene y no intentar solucionar las complicaciones que nos lanzan. Complicaciones que tienen el arte de llegar siempre en el peor de los momentos.
Y finalmente, discutamos sobre lo que está tan en boca de todos pero practicado por muy pocos: justicia. ¿Es real? Yo veo que cada vez es un término más abstracto tirando a etéreo. Sin embargo, nos podrán sacar todo, absolutamente todo, menos lo más importante: cómo decidamos tomarnos esa situación. Y si en eso sos más fuerte que ellos, será la mayor de tus victorias.
No digo que acá todo es aceptable, que hay que pasar y dejar al de al lado plantado con un simple beso en la mejilla acompañado de un sonoro au revoir y no mirar atrás. El que viva acorde con el concepto no tomorrow está muy equivocado. Precisamente porque sí hay mañana tenes que dejarte la piel hoy. Sólo repito una cosa que se nos olvida con demasiada frecuencia: la historia de tu vida la escribis vos solito y únicamente vos sos el que tiene el poder de convertirla en uno de los mejores libros que hayan existido, en un clásico, o por el contrario en papel que utilice alguien para alimentar el fuego del asado.

Punto y aparte.

No voy a asentarme con eso de “de casa al trabajo y del trabajo a casa”. Sé que no siempre podes dedicarte a lo que queres y las circunstancias son lo que son, además suele venir bien una dosis de realismo, pero hay que aspirar a encontrar lo que de verdad nos apasiona.
No voy a conformarme con un amor líquido, como decía Bauman. Los amores de supermercado, esos en los que agarras lo que te apetece rápidamente y al día siguiente decidis cambiar de marca, están demasiado difundidos y aceptados hoy en día.
No voy a ser feliz si vivo la vida que otros han pensado para mí. Desde chicos nos encauzan por el camino que aquellos más adultos piensan que nos conviene seguir pero nos hacemos mayores, evolucionamos, y resulta que se nos queda pequeño ese caminito de piedras. Queremos movernos en una autopista de cuatro carriles a la velocidad límite.
No voy a dejar de creer en mí misma y en mis ilusiones, porque si no lo hago ni yo, ¿quién lo va a hacer? Y si fracasas, no pasa nada, porque seguro que aprendiste algo nuevo. Como dijo Edison, “no fracasé, sólo descubrí 999 maneras de como no hacer una bombilla.” Y así, sin darte cuenta, te convertis en tu versión 2.0.

Mi declaración de intenciones.

Todos somos raros a nuestra manera y eso precisamente es lo que nos hace únicos: las cosas por las que somos negro o blanco, pero no gris. Nunca gris.
Diganme ilusa, inmadura, lo que se les venga a la cabeza. Me da absolutamente igual porque conozco a un par de personas que vivieron así y cuando llegó la hora de la última despedida, se fueron con una sonrisa de oreja a oreja y ninguno se arrepintió de nada.
Solo espero que a mí me pase lo mismo.

Punto y final.